Del mismo modo, los avances en higiene y tratamiento de enfermedades, conllevan una vida más longeva. Eccolo qua que por ello lo que ahora nos acecha es la sombra de las enfermedades neurodegenerativas, que son aquellas cuyo proceso patológico implica la destrucción de cualquier tipo de neurona (enfermedad de Alzheimer, o enfermedad de Parkinson). En realidad éstas parecen no ser otra cosa que fruto del envejecimiento. Algunos afirman que si llegásemos a los 125 años todos nos pareceríamos bastante a un enfermo de Alzheimer. Casi casi como Benjamin Button. Y creo que tienen algo de razón. Pero por si acaso, seguimos tratando de frenar estas enfermedades que abofetean a cuidadores y enfermos dejando a su paso seres fatigados de sufrir.
Hace poco se ha descubierto que el líquido de la médula espinal posee indicadores de la Enfermedad de Alzheimer, lo que es un hito, puesto que logra una detección temprana de este trastorno adelantándose al momento en que sus síntomas se muestren con toda ferocidad. Se trata del logro que todo científico de aquel campo (dejando aparte a la sociedad entera) estaba esperando: discernir al sujeto de setenta años que está más despistado porque está triste o porque a esa edad el proceso de aprendizaje requiere de más recursos cognitivos, del sujeto que realmente sufre una patología que afecta a la memoria y otras funciones cognitivas.
Pues bien, el líquido de la médula espinal, como se ha demostrado en un artículo de la revista Archives of Neurology este mismo mes de agosto, supone una solución ante este rompecabezas... El procedimiento de extracción del líquido puede ser doloroso, e impresiona (lo ví en unas prácticas en Neurología y la imagen que guardo es algo bizarra), pero si esto nos lleva a frenar la enfermedad y a que la persona que estaba "destinada" a olvidar quién era y quiénes eran los que están a su lado, se pueda morir antes de otra cosa porque se ha bloqueado el proceso, pues mejor que mejor.

Lo anterior es un avance importantísimo. Existen, además, otras pruebas diagnósticas de la enfermedad de Alzheimer que se están investigando, como por ejemplo, a través del ojo, como extensión del cerebro que es (yo diría que todo el cuerpo es extensión del cerebro, pero esa es otra cuestión más filosófica). La profesora Francesca Cordeiro y su equipo, allá por enero del 2010, lograron marcar con sustancia fluorescente tejido retiniano de un ratoncito con un gen que modula la enfermedad de Alzheimer. El resultado es que, visto posteriormente ese tejido por el oftalmoscopio, se puede observar de forma objetiva, esto es, cuantificar, el daño en el tejido nervioso ocular derivado de esta patología. Como la profesora Cordeiro decía: puede llegar un día en que vayamos a la óptica no sólo a por una graduación para las gafas, sino también para detectar posibles patologías neurodegenerativas y así frenarlas a tiempo con medicación.
