Lo patético puede ser triste y maravilloso. Te prepara frente a los errores en la vida, confiándote un extraño sentimiento que se sitúa a medias entre la resignación y el amor. Quemar después de leer de los hermanos Coen (por cierto, me encantaría hacer una película con mi hermana, a ver qué nos salía si nos pusiésemos...), es una historia que bucea en lo patético. Cada personaje es una muestra más de un andar pesaroso por la vida, una huida hacia adelante (¿acaso no es el existir una huida hacia adelante en todo caso?).La sinopsis nos dice que es una comedia, pero el espectador no se extraña cuando empiezan a morir los protagonistas. No es extraño. Los Coen consiguen embaucarnos en este lío garrafal y hacen una peli a lo Woody Allen, pero con los seres humanos al borde del Tánatos. Me encanta que pongan música de espías y se tomen tan en serio las escenas en los departamentos de la CIA, cuando el comportamiento de todos es lo menos calculador y preciso que te puedes echar a la cara. Aún así, todo encaja misteriosamente con un Brad Pitt flipao, una Frances McDormand deseosa de nueva liposucción y un John Malkovich que escupe cada palabra que dice con una chulería que pondría a cualquier gato desobediente en guardia a la primera... Y atención al señor de la fotografía del inicio: Richard Jenkins. Un tipo con la cara así sólo puede ser bueno. Por dentro, por fuera, y actuando. Le habremos visto en multitud de ocasiones: A dos metros bajo tierra, o la más reciente The visitor son ejemplos... Él refleja en la película el amor en su más trágica faceta... Él merece mil alabanzas.
Siento si he desvelado algunas partes de la historia... pero no sabía completar la reseña sin Richard Jenkins.
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