domingo, 1 de agosto de 2010


En todo este tiempo, paró la producción de posts en este blog. Estuve hiperactivo en esta vida mía donde la tecnología tiene un papel clave, casi sin yo quererlo.
La vida de hoy, con todas las facilidades que nos provee, te enmaraña en un bosque de árboles de ramas contundentes. La tecnología, con todos los avances que ofrece, no libera por si misma. Como dice Daniel Bensaid (2004), el trabajo a través de la tecnología punta en ocasiones llega a alienar al trabajador, mucho más que el trabajo mecánico, muy común hace sólo escasas dos décadas. Añadiría yo que también nos provee de facilidades que hacen la vida más feliz, pero también potencialmente más asocial y estresante. Así que,cuidadito con ella, pero eso sí, yo personalmente, sin Skype, no estaría comenzando una vida en Madrid con mi amada. Además, sin la posibilidad de enviar emails, no mantendríamos un contacto ligero con aquellos que, o bien no vemos habitualmente, o bien no podemos llamar durante la semana (por cuestión de pelas, tiempo o despiste). Tampoco tendríamos esta alborada de conocimiento, o la cantidad de páginas webs dedicadas a ciertos asuntos, casi tantos, como el número de personas que existen. Personas visibles, habría que especificar... porque hay gente que no se asoma aún por estos lares. Lo grave es que no es que no se asomen porque no quieran, sino porque no puedan, ni tengan recursos... La llamada brecha digital. La tecnología, por tanto, está muy bien en términos generales, pero las posibilidades de atenderla no existen para la mayoría, y menos, la posibilidad de atenderla bien, como recurso intelectual, como si fuese una Biblioteca y no sencillamente para descargarse, pongamos, un politono, o para jugar una partida del Metal Gear Solid (juego cojonudo, por cierto).

Por último, la tecnología siempre nos ha remitido a escenarios que suponen un dilema. Ésta posibilita un implante retiniano para que el ciego (hasta ahora), deje ya de serlo, o un transplante de cara, o una conversación telefónica prácticamente gratuita entre dos amados que todavía chapurrean cualquier lengua que no sea la suya nativa... pero también posibilita robots cada vez más avanzados, más humanos, seres exclusivamente digitales que en el futuro pueden paliar el ansia por cariño que tenga un operario informático que apenas sale de casa. ¿Podría enamorarse el ser humano de un holograma? ¿Podría enamorarse de un robot? Zoe Saldana (ya aparecía en La terminal de Steven Spielberg (2004)), era hasta hace poco una de las mujeres más buscadas en google. Su imagen en Avatar (2009), con sus rasgos faciales, pero claramente digital e incluso sin forma totalmente humana, le han hecho saltar a la fama... Hasta qué punto es posible esa fijación del ser humano por lo que crea su cerebro, enamorarse de aquello que no es real, llorar si tu USB se jode, y con él, el holograma parlante de esa señora o señor que nos harán compañía en un futuro próximo...¿? ¡Qué conversaciones filosóficas pueden derivar de ello en una reunión casera que incluya un buen vino! ¡Es fascinante!

No hay comentarios:

Publicar un comentario