sábado, 23 de julio de 2011

PÁNICO

Un día uno siente cómo su mundo le cae a pedazos. La supervivencia que él creía garantizada ya no lo es más. Cualquier señal evidencia la debacle de este mundo. La crisis económica y el volcán más poderoso se pueden mezclar en este sufrir y hacerse más poderosos incluso en el consciente. Ya no sólo existe el miedo difuso que convive en el mamífero desde tiempos inmemoriables: ahora está todo lo demás. Entonces, en esta desazón que nunca termina, y sabiéndose en el preludio de la muerte, el miserable quiere despedirse correctamente de los suyos, mientras ellos, que simulan estar relativamente tranquilos, se muerden las uñas por dentro. Uno recibe la camilla de la UVI frenético como el AVE conducido por un tío que se ha tomado siete tripis. Cables, bips, batas verdes y blancas, guantes de látex, seres abstraídos que ven casos como el tuyo todos los días... Todo es como en las películas excepto que tú no quieres estar ahí. No tienes el más mínimo interés de estar allí, porque, obviamente, QUIERES SALIR DE AHÍ. Y de repente, cuando tratas de despedirte del mundo, rindiéndote, tocando la mano a una enfermera que amablemente (y misteriosamente tranquila), te endosa la primera inyección, te das cuenta de que algo extraño está ocurriendo: Te ibas a morir, pero no, sigues ahí. Vivito y...

El trastorno de pánico es sufrido por entre un 3 y 4% de la población (datos americanos, procedentes del estudio del equipo de Young del Semel Institute de Neruociencia y Comportamiento Humano de la UCLA, encabezado por Bystritsky en  2010), aunque el 40% de la población puede haber tenido sintomatología aislada similar a lo largo de la vida. Un servidor, que ha pasado por un episodio similar, diría que lo crucial no viene en esa primera gran crisis que descoloca tus sentidos literalmente. Lo peor viene después, aprender a convivir con un mundo conflictivo, agresivo, desolador, donde sonidos que antes se toleraban resultan increíblemente molestos, y situaciones bastante bien solventadas anteriormente se transforman en muros imposibles de escalar. El trastorno de pánico (y sus variantes subclínicas o preludios) está asociado a otras manifestaciones psiquiátricas, como son el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno depresivo mayor, las manías, las fobias, la psicosis, etc. La gravedad del cuadro no parece, a la vista de los artículos consultados, indicador de que la terapia (cualquiera que se postule) vaya a salir peor. El curso del trastorno es de carácter generalmente crónico con interrupciones y es vital buscar ayuda para superarlo. Después de las primeras crisis, es usual por parte del médico recetar benzodiacepinas, pero esto debe ser con carácter temporal, nunca de forma prolongada. Cuando se retira el chute de tranquilidad que proporcionan éstas, es frecuente encontrarse con síntomas ansiosos, algo así como un síndrome de abstinencia. Esto no es nada raro, no en vano, las benzodiacepinas han sido potentes reforzadores en nuestra sistema nervioso y nuestro cuerpo pide más. La llamada terapia cognitivo conductual, que se centra en la relación que existe entre pensamientos, sentimientos-emociones y conducta, y en cómo manejar estos elementos y controlar ciertas parcelas del ambiente disparadoras de ansiedad, se ha visto como muy útil en este llamado síndrome de abstinencia a las benzodiacepinas (Otto y cols, 2010). La misma terapia parece ser un revulsivo de este trastorno en la misma medida que los antidepresivos, el fármaco ideal para el trastorno de pánico (van Balkom y cols., 1997).

El por qué ocurre el trastorno de pánico parece no estar muy claro. Ciertas regiones cromosómicas pueden estar implicadas (Jacobs y cols. 2010), pero hasta la fecha no se ha descubierto ningún gen directamente implicado en el trastorno. La ocurrencia del trastorno de pánico se asocia a menudo a los llamados eventos vitales (aquellos que marcan al individuo, como puede ser una pérdida o una crisis de tipo médico relevante), y muchas veces concurre en períodos de estrés que son un caldo de cultivo para trastornos de ansiedad y del estado de ánimo, además de estar posiblemente involucrados en enfermedades de tipo neurodegenerativo (Esch y cols, 2002).

 Me acordé unas semanas después del desagradable episodio que he narrado, de la historia del gato volante de la abuela de mi novia. La abuela, maja donde las haya, tenía una gata en su terraza. Ésta tenía toda la comida y todas las comodidades (un rincón abrigado para períodos de frio) a su disposición en la misma terraza. Era una gata gordita y tranquila. La abuela nos contaba la historia del gato volante o volador. Era un gato, que un buen día, se había encontrado la mujer en la terraza. En un principió, él, al verla, salió por peteneras. La mujer se quiso percatar rápidamente de que su gata estaba en buen estado. Efectivamente, la gata parecía tranquila, algo curiosa con el escenario que había vivido hace unos momentos, pero sana y salva. El gato parecía haberse acercado por allí al olor del alimento. Pronto aquel gato acabó viniendo más frecuentemente por la terraza. Comía algo, se reposaba un ratito al sol, y, una hora o media hora despues, casi sin hacer caso a la compañera felina que se estaba restregando con él para iniciar un idilio, desaparecía. A los días de habernos contado esta historia, mi novia y yo fuimos testigos delgato volante. La abuela nos avisó: Guardate! Guardate! Si avvicina il gato volante! Efectivamente, allí estaba. Más grueso de lo que me esperaba, con cierta serenidad, saltó sobre la valla de alambre de la terraza y trepó. Una vez dentro, se dirigió al agua y a la comida. La gatita compañera le miraba curiosa y se acercaba a él, pero no recuerdo que éste hiciera algún gesto de compañerismo. Después de un rato se fue. Parecía sereno, vacunado de cualquier evento que el ambiente estresante del mundo exterior (coches a toda velocidad, otros gatos defensores de sus territorios, ausencia de comida, envenenamientos, perros, humanos...) le pudiera disponer. Ahí le recuerdo, con cicatrices en la cara y magullado aunque robusto, y me viene la duda abrasadora de que, sabiendo de los peligros de allá afuera, y dada la tranquilidad de la terracita, por qué este gato no optaba nunca por quedarse en aquel sitio, al refugio de una mamma que lo cuidaría y de una compañera amistosa.

Y aquí va mi opinión, el ataque de pánico es una expresión humana, animal, diría yo, de que algo va mal en nuestras vidas. Hemos controlado todo para que vaya  a las mil maravillas: tenemos una novia, un buen trabajo, gestionamos el tiempo con la exactitud necesaria para finalizar todas las tareas que el cognitariado ha de realizar si no quiere ser despedido, cumplimos este recado y el otro, dejamos de lado el ejercicio físico, nos volcamos en un internet que a veces engancha más de la cuenta, no obtenemos un segundo de descanso, siempre atentos a una pantalla para desviar la atención... y se nos olvida mirar alrededor y respirar. Seguramente no miremos porque entendemos que es seguro que encontraremos dragones de piel escamosa y aliento pestilente. Pero si no miramos, descubrimos lo que hay fuera y respiramos con profundidad durante un tiempo, no sabremos a lo que nos enfrentamos hasta el día que la excitación desmesurada nos pille desprevenidos en una pesadilla. El del gato volante quizás es un ejemplo extremo, pero indica cierta moraleja: mejor vivir austeramente, con ciertas necesidades cubiertas (la terraza es nuestro premio), que vivir obcecado, sin mirar al frente, pendiente de pantallas virtuales y, lo peor, a toda prisa.


  
                                            Tomado de usuario Chau DOG en Flickr.com

BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA PARA ASPECTOS TÉCNICOS


Bystritsky A, Kerwin L, Niv N, Natoli JL, Abrahami N, Klap R, Wells K, Young AS. Clinical and subthreshold panic disorder. Depress Anxiety. 2010 Apr;27(4):381-9.

Esch T, Stefano GB, Fricchione GL, Benson H. The role of stress in neurodegenerative diseases and mental disorders. Neuro Endocrinol Lett. 2002 Jun;23(3):199-208.

Jacob C, Domschke K, Gajewska A, Warrings B, Deckert J. Genetics of panic disorder: focus on association studies and therapeutic perspectives. Expert Rev Neurother. 2010 Aug;10(8):1273-84.

Otto MW, McHugh RK, Simon NM, Farach FJ, Worthington JJ, Pollack MH. Efficacy of CBT for benzodiazepine discontinuation in patients with panic disorder: Further evaluation. Behav Res Ther. 2010 Aug;48(8):720-7. Epub 2010 Apr 28.

van Balkom AJ, Bakker A, Spinhoven P, Blaauw BM, Smeenk S, Ruesink B. A meta-analysis of the treatment of panic disorder with or without agoraphobia: a comparison of psychopharmacological, cognitive-behavioral, and combination treatments. J Nerv Ment Dis. 1997 Aug;185(8):510-6.

domingo, 8 de mayo de 2011

RECUPERACIÓN DEL RITMO

Veamos si a partir de ahora, cargo nuevas entradas del blog con asiduidad. Han sido meses completos, muy completos... tanto, que a veces te preguntas cómo es que dan, y a la vez no dan, tanto de sí las horas de un día. Cómo máximo puedes ver tres películas, pero entonces no estudias. Como máximo, estudias tres horas (sin contar las interrupciones que te concede tener a un click el mágico Google), pero entonces sientes que has dejado de lado tus obligaciones maritales. Además, el día se carga de pequeñas cosas: llamar a Vodafone, solventar un pequeño detalle en el cajero, llamar a dos amigos a los que prometiste llamar tiempo atrás, sacar un hueco para ver un capítulo de In treatment, leer aquel libro que hace tiempo deseas devorar, salir a comprar fruta y a llenar la nevera, cocinar a tu chica una bella pasta, no olvidarte de tu gato, que te roza hambriento y deseoso de aquella lata con jugo de buey tan rica para él... y cuando te vas a sentar te desmayas, pierdes el conocimiento, sientes el mundo lejos, tus fibras nerviosas lo ignoran: prefieren un instante de recogimiento autista, aunque esto ponga en peligro la homeostasis de tu organismo... demasiados días pensando que dormir poco te hará vivir más, que hacer todas las cosas hoy tendrá su premio, ocupado en mil cosas y satisfecho de resolverlas todas ¿?... lo más triste es que en esta ruleta rusa, el que más aguanta el ritmo, antes llega a su destino (si se dirige con cierta inteligencia), pero visto lo visto, prefiero no volver a desintonizar absolutamente del mundo físico ni una vez más, no vaya a ser que a mis neuronas les de por coger gustirrinín a comunicarse en comandilla, sin necesidad de inputs externos.

domingo, 21 de noviembre de 2010

LOS COYOTES Y LA NATURALEZA HUMANA


Desde hace mucho tiempo me apasionan los cánidos. Me encantan los perros, me apasiona su fidelidad. Aprecio en ellos su gusto sencillo por la vida austera (esto seguramente sea subjetivo, no lo tomen estrictamente al pie de la letra). Su primo el lobo, y la belleza de su cuerpo, también me entusiasman. El mito del hombre lobo es, además, un aliciente que ha entretenido mi imaginación cinéfila.

Hace un tiempo leí una noticia acerca del coyote, uno de sus primos americanos. El coyote (canis latrans), está a medio camino entre el perro y el lobo. Era el perro de Dios para la tribu Navajo, y también muy odiado por algunos colonizadores europeos, tanto, que su odio les hacía referirse a él como "la última comadreja a exterminar, en aquella tierra llena de oro y bestias". Si cualquiera intentó exterminarlos, lo cierto es que no lo consiguió. La capacidad de adaptación de este brivonzuelo parece enorme y, a diferencia del lobo americano, más voluminoso, y aparentemente más noble, no se encuentra en peligro de extinción, sino, muy al contrario, continua una imparable extensión dentro de territorio americano. A pesar de su multiplicidad, y de sus numerosos y azarosos encuentros con el hombre, los científicos no logran atraparlo fácilmente para su estudio: tienen un olfato demasiado poderoso. Por eso, hasta ahora no fue fácil saber por qué los coyotes del Este de los USA tenían un abrigo de cabello de colores más variados que los del Oeste. Tampoco se sabía a ciencia cierta por qué el coyote del Este era más grande que aquél del Oeste. Finalmente, parecen haber encontrado una respuesta: aquél del Este es un híbrido entre el coyote y el lobo.

La adaptación de estos cánidos va más allá del simple aumento de su población. Podría arriesgarme a decir, que en este mundo que parece conducirse a la destrucción ambiental (no sé si el hombre se destruirá a sí mismo, pero tengo el feo presentimiento de que los ecosistemas ricos van a llegar a su fin), los cánidos, tan inteligentes ellos, (recordemos que se dice que cuando Dios, mediante una separación de la Tierra, separó a hombres y animales, el perro, en el último momento, saltó a la orilla del ser humano) se conducen por el mismo camino que ya lo hicieron las ratas y las cucarachas: "si no puedes con el hombre, y no puedes huir porque ya está en todos los lugares, únete a él". Los coyotes, los perros, y quién sabe si pronto los lobos (ójala), han conquistado nuestro espacio: los perros se hicieron nuestros amigos, pues en el fondo saben de nuestro buen corazón; y los coyotes han acabado conquistado la ciudad nocturna. En la noche de Chicago posiblemente ya se paseen cerca de 100 ejemplares de coyote. Algún paseante nocturno se topó con ellos. Quién sabe, de hecho, si a unos centenares de kilómetros de la ciudad de Obama, alguna pareja, mientras se entregaba al amor en uno de los jardines de Central Park, escuchó un ruido. Sería un coyote, pero ellos quizás no se enterasen.

Leí una vez, en uno de los libros más bonitos que he leido nunca, justo cuando a mi abuela se le acababan las fuerzas de vivir, que el lobo te habla de la felicidad. Fue leer el libro, lo que me ha hecho conectar todos estos detalles cánidos que ahora mismo verborreo. El lobo te enseña la felicidad cuando le ves afanoso tratando de buscar un hueso o un rastro, rascando la tierra con deseo e impaciencia o persiguiendo una pelota, o acechando pacientemente a una paloma. Es en esos momentos en que se detiene el tiempo, cuando la tarea tiene más de sufrimiento y persistencia que de alegría propiamente dicha, cuando podríamos adivinar un sentimiento circundante cercano a la felicidad. A su felicidad.

Cuando los dos perros de la fotografía del inicio del post juegan, dice el filósofo Mark Rowlands, estamos experimentando, además, la felicidad que emanan. La felicidad sería, no sólo algo interior, sino una propiedad que se esparce en el campo de interacción de más de un ser, o de un ser vivo con su objeto de deseo. La misma fotografía está llena de felicidad. Lo dice Mark Rowlands en su El filósofo y el lobo, uno de los mejores libros que he leido.

sábado, 25 de septiembre de 2010

CONOCERÁS AL HOMBRE DE TUS SUEÑOS

Cuando murió José Saramago, ya hacía un tiempo que había nacido este blog, pero desistí de escribir sobre él. No sé, es muy fácil escribir bien sobre el muerto.

Ahora que muere otro grande, Labordeta, lo único que se me ocurre decir como homenaje a ambos es que yo, de mayor, quiero ser como ellos.

Curiosamente, los dos andaban faltos de pelo, y creo, pero no lo puedo asegurar, que les aprecio desde lejos (con el buen rollo de quien conoce y admira a otro tan sólo por sus escritos, canciones y apariciones momentáneas en la tele) sin que su calvicie haya sido la causa primera de este amor a lo que escribieron. Por cierto que, de paso, escribieron un poco de mi historia personal.

martes, 24 de agosto de 2010

NUEVOS AVANCES EN LA DETECCIÓN DE ALZHEIMER. BREVE RESUMEN

El hecho que se inventase la rueda nos llevó a través de los milenios a la tragedia que supone el accidente de tráfico. Se creó una molestia aunque se avanzó inmensamente. La comunidad científica y política busca ahora la solución.

Del mismo modo, los avances en higiene y tratamiento de enfermedades, conllevan una vida más longeva. Eccolo qua que por ello lo que ahora nos acecha es la sombra de las enfermedades neurodegenerativas, que son aquellas cuyo proceso patológico implica la destrucción de cualquier tipo de neurona (enfermedad de Alzheimer, o enfermedad de Parkinson). En realidad éstas parecen no ser otra cosa que fruto del envejecimiento. Algunos afirman que si llegásemos a los 125 años todos nos pareceríamos bastante a un enfermo de Alzheimer. Casi casi como Benjamin Button. Y creo que tienen algo de razón. Pero por si acaso, seguimos tratando de frenar estas enfermedades que abofetean a cuidadores y enfermos dejando a su paso seres fatigados de sufrir.

Hace poco se ha descubierto que el líquido de la médula espinal posee indicadores de la Enfermedad de Alzheimer, lo que es un hito, puesto que logra una detección temprana de este trastorno adelantándose al momento en que sus síntomas se muestren con toda ferocidad. Se trata del logro que todo científico de aquel campo (dejando aparte a la sociedad entera) estaba esperando: discernir al sujeto de setenta años que está más despistado porque está triste o porque a esa edad el proceso de aprendizaje requiere de más recursos cognitivos, del sujeto que realmente sufre una patología que afecta a la memoria y otras funciones cognitivas.

Pues bien, el líquido de la médula espinal, como se ha demostrado en un artículo de la revista Archives of Neurology este mismo mes de agosto, supone una solución ante este rompecabezas... El procedimiento de extracción del líquido puede ser doloroso, e impresiona (lo ví en unas prácticas en Neurología y la imagen que guardo es algo bizarra), pero si esto nos lleva a frenar la enfermedad y a que la persona que estaba "destinada" a olvidar quién era y quiénes eran los que están a su lado, se pueda morir antes de otra cosa porque se ha bloqueado el proceso, pues mejor que mejor.



Lo anterior es un avance importantísimo. Existen, además, otras pruebas diagnósticas de la enfermedad de Alzheimer que se están investigando, como por ejemplo, a través del ojo, como extensión del cerebro que es (yo diría que todo el cuerpo es extensión del cerebro, pero esa es otra cuestión más filosófica). La profesora Francesca Cordeiro y su equipo, allá por enero del 2010, lograron marcar con sustancia fluorescente tejido retiniano de un ratoncito con un gen que modula la enfermedad de Alzheimer. El resultado es que, visto posteriormente ese tejido por el oftalmoscopio, se puede observar de forma objetiva, esto es, cuantificar, el daño en el tejido nervioso ocular derivado de esta patología. Como la profesora Cordeiro decía: puede llegar un día en que vayamos a la óptica no sólo a por una graduación para las gafas, sino también para detectar posibles patologías neurodegenerativas y así frenarlas a tiempo con medicación.

sábado, 14 de agosto de 2010

QUEMAR DESPUÉS DE LEER (véanla antes de leer)

Lo patético puede ser triste y maravilloso. Te prepara frente a los errores en la vida, confiándote un extraño sentimiento que se sitúa a medias entre la resignación y el amor. Quemar después de leer de los hermanos Coen (por cierto, me encantaría hacer una película con mi hermana, a ver qué nos salía si nos pusiésemos...), es una historia que bucea en lo patético. Cada personaje es una muestra más de un andar pesaroso por la vida, una huida hacia adelante (¿acaso no es el existir una huida hacia adelante en todo caso?).

La sinopsis nos dice que es una comedia, pero el espectador no se extraña cuando empiezan a morir los protagonistas. No es extraño. Los Coen consiguen embaucarnos en este lío garrafal y hacen una peli a lo Woody Allen, pero con los seres humanos al borde del Tánatos. Me encanta que pongan música de espías y se tomen tan en serio las escenas en los departamentos de la CIA, cuando el comportamiento de todos es lo menos calculador y preciso que te puedes echar a la cara. Aún así, todo encaja misteriosamente con un Brad Pitt flipao, una Frances McDormand deseosa de nueva liposucción y un John Malkovich que escupe cada palabra que dice con una chulería que pondría a cualquier gato desobediente en guardia a la primera... Y atención al señor de la fotografía del inicio: Richard Jenkins. Un tipo con la cara así sólo puede ser bueno. Por dentro, por fuera, y actuando. Le habremos visto en multitud de ocasiones: A dos metros bajo tierra, o la más reciente The visitor son ejemplos... Él refleja en la película el amor en su más trágica faceta... Él merece mil alabanzas.

Siento si he desvelado algunas partes de la historia... pero no sabía completar la reseña sin Richard Jenkins.

domingo, 1 de agosto de 2010


En todo este tiempo, paró la producción de posts en este blog. Estuve hiperactivo en esta vida mía donde la tecnología tiene un papel clave, casi sin yo quererlo.
La vida de hoy, con todas las facilidades que nos provee, te enmaraña en un bosque de árboles de ramas contundentes. La tecnología, con todos los avances que ofrece, no libera por si misma. Como dice Daniel Bensaid (2004), el trabajo a través de la tecnología punta en ocasiones llega a alienar al trabajador, mucho más que el trabajo mecánico, muy común hace sólo escasas dos décadas. Añadiría yo que también nos provee de facilidades que hacen la vida más feliz, pero también potencialmente más asocial y estresante. Así que,cuidadito con ella, pero eso sí, yo personalmente, sin Skype, no estaría comenzando una vida en Madrid con mi amada. Además, sin la posibilidad de enviar emails, no mantendríamos un contacto ligero con aquellos que, o bien no vemos habitualmente, o bien no podemos llamar durante la semana (por cuestión de pelas, tiempo o despiste). Tampoco tendríamos esta alborada de conocimiento, o la cantidad de páginas webs dedicadas a ciertos asuntos, casi tantos, como el número de personas que existen. Personas visibles, habría que especificar... porque hay gente que no se asoma aún por estos lares. Lo grave es que no es que no se asomen porque no quieran, sino porque no puedan, ni tengan recursos... La llamada brecha digital. La tecnología, por tanto, está muy bien en términos generales, pero las posibilidades de atenderla no existen para la mayoría, y menos, la posibilidad de atenderla bien, como recurso intelectual, como si fuese una Biblioteca y no sencillamente para descargarse, pongamos, un politono, o para jugar una partida del Metal Gear Solid (juego cojonudo, por cierto).

Por último, la tecnología siempre nos ha remitido a escenarios que suponen un dilema. Ésta posibilita un implante retiniano para que el ciego (hasta ahora), deje ya de serlo, o un transplante de cara, o una conversación telefónica prácticamente gratuita entre dos amados que todavía chapurrean cualquier lengua que no sea la suya nativa... pero también posibilita robots cada vez más avanzados, más humanos, seres exclusivamente digitales que en el futuro pueden paliar el ansia por cariño que tenga un operario informático que apenas sale de casa. ¿Podría enamorarse el ser humano de un holograma? ¿Podría enamorarse de un robot? Zoe Saldana (ya aparecía en La terminal de Steven Spielberg (2004)), era hasta hace poco una de las mujeres más buscadas en google. Su imagen en Avatar (2009), con sus rasgos faciales, pero claramente digital e incluso sin forma totalmente humana, le han hecho saltar a la fama... Hasta qué punto es posible esa fijación del ser humano por lo que crea su cerebro, enamorarse de aquello que no es real, llorar si tu USB se jode, y con él, el holograma parlante de esa señora o señor que nos harán compañía en un futuro próximo...¿? ¡Qué conversaciones filosóficas pueden derivar de ello en una reunión casera que incluya un buen vino! ¡Es fascinante!