jueves, 13 de mayo de 2010

GORDON BROWN Y SU OJO DE CRISTAL

Durante mi estancia en Dublín (ciudad a la vez inglesófoba pero, por su cercanía a Londres, aún muy influenciada por los británicos)devoré periódicos y libros en desmesura. The Guardian se hizo mi amigo. O mejor: yo me hice amigo de The Guardian y también del Irish Times. Mis ojos también jamaban periódicos gratuitos como el Metro o diarios-porquería (justo los que le gustaban al dueño de la cafetería donde trabajaba, ¡qué casualidad!) llenos de sensacionalismo de mierda, que tienen la osadía de juntar a Hanna Montana con la Cumbre del Clima, y en los que, si aparece un político, es porque va con su mujer y sus hijos, o ha hecho un gesto grosero a la audiencia o ha ido a celebrar la apertura de una fábrica de tangas.

Con todo esto, me hice habitual del panorama político inglés, sobre todo de los tres partidos principales, porque los demás (Verdes, UKIP, o el partido facha) apenas aparecen entre líneas. Ya entonces comenzaba la carrera por las elecciones a Premier que ahora mismito se han celebrado, y mis simpatías siempre se dirigían a Gordon Brown. Me parecía que el tipo, a pesar del vendaval, mantenía la economía de aquella manera y, a pesar de no tener el sex appeal del finalmente triunfante Cameron, y con las hordas laboristas clamando por un nuevo líder más cool, el escocés se me hacía ligeramente entrañable (como aquél defensor de causas y casos perdidos que soy).

Eso sí, llegó un momento, hace pocas semanas, que el tipo, por cazurro, la cagó. Y ya no le junto más. La escena que linco es vergonzosa, no sólo porque llama fanática a una abuelilla, que tampoco es tan grave, sino porque cae en el mismo pecado en que caen (casi) todos los políticos: buen rollo y falsedad. De esos políticos de cara a la galería que nos rodean:

http://www.youtube.com/watch?v=14f3aOC929w&feature=related

Gordon aquí le llega a preguntar por sus hijos, aparentemente preocupado porque han emigrado a Australia al no encontrar trabajo en Inglaterra. Le desea que vengan pronto (ya que desaparecerá la crisis económica :P) y así se reúnan con ella. A todo esto, el entonces presidente mostraba bastante tranquilidad y relajo ante las preguntas de la señora y se defendía en un tono que se puede calificar de agradable, a pesar del subidón por preguntar que tenía la señora al saberse en la tele. Cuando termina, casi antes de dar el portazo y meterse en su blindado, al lado de sus cantamañanas y asesores, el micrófono le juega una mala pasada, y se escucha un disgusto y una desazón bochornosas por haber mantenido aquella inocente charla... Y es entonces cuando uno se da cuenta de que poquitos habrán que se salven, que lo de la política en Elecciones es el Sálvame del Parlamento.

Tampoco te engañes, Luis, aquel tipo fue el Ministro de Economía del Blair Tercera Vía y del Blair más bushiano, con lo que, tampoco muy de fiar era.

Eso sí, hay dos eventos que me llaman poderosamente la atención de este señor: ¿cómo ha sobrevivido a la ceguera de un ojo y a la muerte de una hija? ¿cómo han marcado la personalidad de este señor, que todos concuerdan en tachar de malhumorado? ¿Tendrá razones para estarlo con la vida?

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