domingo, 24 de marzo de 2013

Bienvenido, braquiosaurio, y bienvenido, señor Neill

 
El espinosaurio en Parque jurásico III (2001)

Cuando, en una excursión de una asignatura de la facultad, repleta de conocidos desconocidos (de esos con los que te llevas bien pero a los que sólo ves en clase) me preguntaron que cuál era mi película favorita yo, a sabiendas de que iba a sonar raro, dije lo que sentía: Ni La naranja mecánica, ni Psicosis, ni El padrino, ni Reservoir dogs... lo mío era Parque jurásico. Le tengo un cariño muy especial, pero si la veo otra vez, me sigue encantando, me maravilla ese "sense of wonder". 

De ahí que defienda esta tercera entrega. De acuerdo que es flojita (Nolan nos ha demostrado que se puede revitalizar una saga e incluso las secuelas de Alien son todas muy dignas), pero me gustan mucho los personajes y los dinosaurios, todavía conservan su encanto y todavía se percibe un tufillo de entretenimiento grato.

La excusa para llegar a la isla es absurda, pero en esto no se esconde el film, se trata de ser light, serie B, interesar a todas las audiencias pero no asustar demasiado a los niños. De ahí que no sea oscura, sino que se parezca más a Jumanji (de hecho, su director, Joe Johnston, es el mismo), pero al ser la temática ya vista, se contagia menos emoción. El espinosaurio tampoco se salva de la quema. Sus persecuciones rara vez atemorizan y su combate con el tyranosaurio se finiquita en escasos segundos. Seguramente haya sido la rapidez del desarrollo del argumento la que no haya dado pie a una mayor conexión con el espectador. Seguramente los responsables tenían miedo de que, deleitándose con escenas bellas de dinosaurios en escenarios naturales y depurando más la línea argumental (poniendo una excusa mejor para visitar la isla, por ejemplo), se corría el riesgo de aburrir al personal.

Efectivamente, la película no aburre, es un engranaje bien agarrado para que el sueño se olvide de tí en todo su metraje. Pero ello no es suficiente. Tampoco es suficiente que esté Sam Neill, que es un crack, ni William H. Macy. Sorprendentemente, tampoco es suficiente que en el guión hubiesen metido mano Alexander Payne y Jim Taylor (Entre copas), aunque seguramente se deba a las 4 semanas de trabajo que les dieron de plazo.

Hay, en todo caso, escenas bastante conseguidas. Por ejemplo, el segundo encuentro con el espinosaurio está bien desarrollado al más puro estilo Amblin (cuando suena el telefonito). El ataque de los pteranodones está muy bien logrado, con un frenesí y un montaje óptimos. Eso sí, ciertos ataques, como el primero y el último del espinosaurio, no le llegan a la altura del betún a los ya famosos ataques del tyranosaurio a los jeeps y a las caravanas en las dos anteriores películas de Spielberg. Joe Johnston, el nuevo director en esta tercera, no pudo hacer brillar su trabajo como debería. El caso es que experiencia no le falta en el cine de aventuras y fantasía (Cariño, he encogido a los niños y Jumanji), pero esta vez no pudo ser. Sólo los niños y los yonkis jurásicos como yo la disfrutarán.

 
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Cómo pudo ser el espinosaurio, según la Wikipedia.



El halcón

The hawk is dying (2006) es una película no estrenada en España. Uno la puede descubrir, como es mi caso, buceando en Imdb o en Filmaffinity. No recuerdo si la descubrí por buscar la filmografía de Paul Giamatti, pero podría ser. Es un actor que me gusta mucho. En este caso, y sin exagerar, se podría decir que podría ser mi vecino o mi tío. Me encantó en Entre copas y en La joven del agua. En esta The hawk is dying, en cambio, no le ayudan ni el "buen feeling", como en la primera, ni la música y la dirección, como en la segunda.
 The hawk is dying. Tomado de www.indiewire.com

Paul Giamatti interpreta a un hombre de mediana edad, trabajador, que vive con su hermana y su hijo autista, cansado del trabajo, cansado de la vida, cansado de las mujeres, cansado de todo lo que nos podamos imaginar. ¿Y qué es lo que puede rellenarle la vida en ese momento? Pues el entrenamiento de un halcón que ha encontrado en las cercanías de su casa. Todo el vecindario le recuerda que éste halcón se morirá por estar en cautividad, tal como ocurrió con los otros que ya intentó entrenar, pero él se toma muy en serio la tarea autoencomendada y decide llevar el entrenamiento hasta el final. 

El argumento es algo más extenso que todo esto, tiene sorpresas, situaciones algo rocambolescas, pero a la película le cuesta despegar, los momentos escatológicos no se asimilan muy bien y existen escenas que podrían acortarse y sintetizarse. Además, Michelle Williams, que siempre está espléndida, aquí se muestra tan exageradamente decadente que parece que unos hongos hayan atravesado su barrera hematoencefálica de forma permanente. De hecho, los secundarios no me gustaron en demasía, quizás el único que destaca es Michael Pitt, en un rol que siempre es agradecido para un actor, el de persona con autismo.

A pesar de todo, hay aciertos evidentes: el primero, es que ya les gustaría a algunos, fallar cinematográficamente y, al mismo tiempo, haber realizado una película tan austera, sin un nivel grande de pérdidas. Por otro lado, el director Julian Goldenberg subraya la película con escenas oníricas interesantes y las riñas y conversaciones entre los personajes logran captar la angustia y la urgencia del ese viaje personal desesperado del protagonista, ya no sólo con los destellos de buen hacer del propio Giamatti, sino, sobre todo, con los aleteos y revoloteos de un halcón cautivo, condenado y atado al brazo de su extraño cuidador, cada vez que sube el volumen de deseperación del diálogo.

sábado, 23 de marzo de 2013

Travellers and magicians

Travellers and magicians (2003) me hizo volver a ser un viajante. No un viajero "Lonely Planet". Los respeto pero me cansan. Quiero ser un viajante. Me encantaría estar ahí, y mezclarme con la población, aún a sabiendas de que el ser humano, y sobre todo, ciertas sociedades rurales son más prudentes que yo a la hora de hacer amigos. 

El encanto de Travellers and magicians reside en su simplicidad. Si la hubiese hecho un español o un americano, algunos le condenarían por ultraexperimental o ultrasimplista. Parece que, al venir de Bután, la película ha conseguido ciertos premios y reconocimientos. El director y escritor, Khyentse Norbu, sorteando, negociando o asumiendo, quién sabe, las trabas cinematográficas de su país Bután, logró sacar adelante este pequeño alegato budista, que en nuestras vidas estresadas y encrispadas, viene siempre bien experimentar.

http://www.zeitgeistfilms.com/films/travellersandmagicians/poster_large.jpg 
Tomado de  http://www.zeitgeistfilms.com/film.php?directoryname=travellersandmagicians

La llamada de Occidente incita al protagonista de la película a escapar de Bután y probar suerte en una gran ciudad anglosajona. Así se lo comenta a algún conocido, mientras asistimos a su indiferencia ante las preparaciones de festividades que se están dando en su pueblo, algo así como las procesiones de Semana Santa para algunos de nosotros. Llevado por la urgencia, en el día indicado y a dos días de su salida prevista del país, trata de conseguir llegar, corriendo a duras penas y saltando los riachuelos y troncos del bosque de su región, a la única parada de autobús cercana. Y es entonces cuando pierde el autobús. Y ahí empieza esta película tan especial. Con más sonido que música, se van presentando los que serán sus acompañantes en el próximo autobús que le recoja: un vendedor de manzanas, un joven monje budista y un viejo y su hija. Y de esa road movie nace otra historia, fantástica, algo gótica y tenebrosa, que es la que les cuenta el monje budista a los allí reunidos ante el ansia que muestra el protagonista por escapar a Occidente. Quizás es ahí donde más falla el mensaje, esa especie de identificación de lo tenebroso y oscuro con Occidente, y de lo cándido y seguro con Bután. Sin embargo, si  nos abstraemos de esta identificación no totalmente declarada, podemos asumir el mensaje como si fuese un heurístico ante la vida, un refrán que puede servirnos en un momento dado. En concreto, yo he conocido a gente a la que el monje budista bien podría contarle esta historia, puesto que continuamente cambiaban de ciudad de residencia, en algo que, a mis ojos, parecía simplemente un escape de las obligaciones y lazos que se obtienen, sin quererlo, cuando se lleva tiempo residiendo en una misma ciudad. Si toda esta entrañable historia (me gusta más la road movie, que el cuento que se desarrolla dentro de ella) te la cuentan con un paisaje de fondo como el butanés, yo compro.

lunes, 18 de marzo de 2013

El atlas de las nubes (Cloud Atlas)

El clásico concepto de que todo lo que hacemos puede cambiar vidas futuras es muy bonito pero peca de omnipotente. Comprendemos el concepto, pero es difícil vislumbrar esto en nuestras vidas mundanas. Precisamente este concepto es el que toca El atlas de las nubes, gran película de los hermanos Wachowski y Tom Tywker. Seis historias, tres de nuestro pasado, una contemporánea (2012) y otras dos futuras antes y después del colapso de la civilización hipertecnológica humana. Todas ellas muestran cómo las vidas de sus personajes, sin saberlo, se engarzan con un motor bastante claro: la libertad.

Los tres directores tejen las seis historias con un montaje apabullante, exacto, donde no rechina el pasar de un tiempo a otro. Los personajes, aunque a veces rozando el ridículo (quizás por las toneladas de maquillaje), son creíbles. Uno admira que Tom Hanks, Halle Berry y Jim Broadbent (por nombrar a los más reputados y premiados) acepten un encargo como éste. Los Wachowski no están en su mejor momento. Su producción Ninja assasin, aún curiosa, no deja de parecer una orgía de sangre. Su anterior Speed Racer no pareció conectar con nadie, y ya es sabiduría popular que las secuelas de Matrix son de una calidad inferior a su original... Por todo esto, y por tratarse de una película con tintes de ciencia ficción que no parece ser del gusto de los críticos y académicos del cine, y por los kilos de maquillaje que se han tenido que tragar (alguno se preguntará: ¿por qué no incorporar a otros actores en vez de embadurnarles?, y yo les diré que la propuesta de make up tiene su gracia...), el trabajo del reparto de El atlas de las nubes es realmente meritorio, puesto que actúa sin estar sujeto a un registro determinado: tan pronto la cosa se pone seria, como se nos muestra el lado más cómico del asunto; tan pronto es un melodrama, como un cuento de terror con demonio suelto; tan pronto es filosofía, como un tratado de política.

Yo me he quedado maravillado ante esta obra gigantesca. Han trabajado como burros para mostrar muchos excesos y, entre esos excesos, maravillas en forma audiovisual, escenas y personajes encantadores y una mezcla de géneros y peripecias que es difícil olvidar incluso días después de salir de la sala de cine.

Protagonistas y directores de El atlas de las nubes (Cloud atlas). Me gusta por el buen rollo que transmiten:
 fulanito hablando con pepito, el tito Tom yendo a por café...
Tomado de http://www.cinelodeon.com/2013/02/el-atlas-de-las-nubes-tom-tykwer-andy-y.html.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Cambios sísmicos de magnitud 6 en la escala de Ritcher

Estaba de sábado internauta y eché la vista atrás. Este 2011, y es algo de lo que ya me había dado cuenta a pinceladas, ha mostrado cambios en el panorama político-económico-existencial del mundo. Por supuesto, estos cambios no llegaron en el 2011, sino que, como muchas cosas, tienen un abono detrás que permitió que creciesen largo tiempo en relativa libertad...

Por un lado, en cuestiones políticas, es obvio que la titularidad política ha cambiado, en cierto sentido. No es porque ahora un gallego sea el presidente del Gobierno del Reino de España (ahora, como dice este estupendo enlace, el presidente del Gobierno es Moody´s), sino porque el clima tan inestable y tan tremendo que vivimos implica que la ciudadanía, o parte de ella, esté más despierta y reclame su papel. Ya no es lo mismo que el Congreso de los Diputados facilite pensiones privadas a sus diputados o tener tropecientos coches y tarjetas a disposición de los ediles. Parece, y así quiero pensar, que los sistemas que funcionen así, acabarán cayendo o siendo amonestados, casi como la osada figura del fumador en estos tiempos (aunque nadie diga nada de otros que contaminan más: los conductores habituales de coches).

En definitiva, que en esto de las presiones ciudadanas, 2011 ha demostrado que internet es un medio revolucionario, capaz de poner en común a millones de personas (Occupy Wall Street, 15M, los indignados griegos, etc.) y exigir responsabilidades, mermar la "calificación pública" de los políticos en el poder, y, en definitiva, no permitir el café para todos (en su versión de mucho para ellos, y poco para nosotros). Por todo ello, ¡bravo por internet como herramienta de transformación de la sociedad! Dicen que los internatuas ¿hemos? parado la aplicación de la injustamente llamada Ley Sinde y puede que haya sido así. Quizás la ley fue muy precipitada y poco protectora frente al poder, pero que conste que, como dice Elvira Lindo, hay algo de repugnante por parte de los poderes mediáticos en bautizar la ley así, pues focaliza el odio en una sola persona, sin hacer valer, ni analizar el entramado de complicidades artistoides-industriales-gobernantes que se habían establecido.

Una vez vistos los logros de la sociedad tecnificada, paso a proponer algunas de mis quejas frente a ella:la masificación y su utilización sin mesura. Todo el mundo adora los Iphones, los Ipads, los wasaps y los skypes, mucha gente prefiere jubilar al móvil que obtuvo hace un año, para pillar otro con más prestaciones, o sea, con más aplicaciones, aunque sean tan gilipollescas como las de etiquetar la foto con el lugar y la hora en la que la realizaste (aplicación que me parece perversa y que camina directamente hacia Gran Hermano). La gente escucha menos lo que nos cuentan en vivo y en directo, porque se lo impiden tanta interrupción de mensajes wasap o mensajes facebook de esos que fríen las conversaciones y bloquean el vivir y el observar el momento. Esto, que suena muy existencial, es el peligro de los nuevos sistemas de comunicación e información: vivir encerrados en una burbuja que está continuamente comunicándose con el exterior, pero con tormentas de ansiedad internas por tratar de terminar el largo listado de tareas por hacer en tiempo record, mientras, eso sí, respondes con eficacia mensajes sin trascendencia. Respecto al lado oscuro de la tecnología, he aquí al maestro Saramago mostrando reticencias (sin esconder cierta admiración) acerca del Secondlife.

Eliminando o estando vigilante a estas tendencias perversas por un lado, y distanciándose del anarcoprimitivismo de, por ejemplo, John Zerzan, que culpa a la tecnología de toda opresión, aquí va mi juicio: Internet es la hostia. Nos reserva infinidad de ventanas y de opciones con las que podemos abrir nuestra mente y hacer posible iniciativas que antes veíamos utópicas. De hecho, con el color y el rumor del 15M he llegado a leer acerca de un sistema político en el todos los ciudadanos, desde casa o el trabajo, votasen ciertas leyes a través de la red... ¿verdad que ya no es tan lejano?

viernes, 7 de octubre de 2011

CABALLO PERCHERÓN

El regalo de hoy es un tráiler. Es un regalo para la vista y para los oídos. Se trata de War horse, acerca de un caballo llevado, sin consentimiento de su compañero (o dueño), a luchar en la Primera Guerra Mundial. Era un argumento sencillo, aparentemente muy infantil, que no despertaba en mí demasiada sensibilidad. Pero ha sido ver el tráiler y me apunto a verla pero ya. Comienza con el caballo cabalgando entre las trincheras, con cañonazos de fondo, buscando a su amigo. Después, el editor nos sirve imágenes de la campiña inglesa, donde vivía libre, del comienzo de la guerra para Inglaterra, del hurto del animal, de las batallas que protagoniza, todo ello con una música y unos escenarios perfectamente almibarados, lo reconozco, pero funcionan. Funcionan muy bien, porque sabes que Spielberg se va a meter en un campo de rosas y terminará el negocio felizmente, pero antes te suelta tres o cuatro crueldades y coloca la cámara tan suavemente, que enganchará ipso facto al espectador. A mí, que me den almíbar y clases de sufrimiento, con un poquito de ñoñería, pero que me las de un maestro.

Y nada más, ahí lo tienen. Muy atentos al caballo corriendo con los pinchos enganchados. Es la escena perfecta par dejarte clavado y provocarte las ganas de saber cómo el pobre animal sale de ésa.

sábado, 30 de julio de 2011

CAMINAR

Caminar es algo que se ha vuelto necesario para mí. Sea después del trabajo o justo antes, sea un día de vacaciones, o antes de tomarme unas cañas, llegar al destino caminando es, simplemente, un gozo. La sensación de haber paseado, recordar cómo se sentía tu cuerpo al pasear, saberte sano, vivo... Entiendo a Forrest Gump cuando sólo quería correr y nada más. Cuando me he llevado los disgustos grandes de la vida, sólo quería pasear: ¡fuera coches! Cuando me sentía más feliz con mis perros, era siempre paseando, haciendo esfuerzo, moviendo la maquinaria. Y mientras caminas sucede la vida: encuentras amigos, los despides, tocas la lavanda para impregnarte de su olor, ves a abuelitos tranquilos sentados en cualquier banco, recuerdas cosas... Caminante no hay camino, se hace camino al andar, que decía uno que yo me sé.

Parece ser que hubo también unos señores que caminaron nada menos que 4000 millas allá por la II Guerra Mundial. Lo narró Peter Weir de forma maravillosa en el film The way back (Camino a la libertad en España). Escapando de la tortura soviética, atravesaron las estepas de Siberia, el desierto del Gobi y el Himalaya. Vieron a algunos perecer en el camino. Se mezclaron con la naturaleza de la forma que a ella más le gusta: asediando al ser vivo. Al final del recorrido, uno de ellos, Janusz, sabiendo que no puede volver todavía a su casa en Polonia, pues seguía ocupada por los soviéticos, declara que lo único que desea es caminar: keep on walking.

Atención a la banda sonora tan elegíaca de esta película, creada por Burkhard Dallwitz, compositor también de otras perlas de Peter Weir como El show de Truman y Master and Commander.


sábado, 23 de julio de 2011

PÁNICO

Un día uno siente cómo su mundo le cae a pedazos. La supervivencia que él creía garantizada ya no lo es más. Cualquier señal evidencia la debacle de este mundo. La crisis económica y el volcán más poderoso se pueden mezclar en este sufrir y hacerse más poderosos incluso en el consciente. Ya no sólo existe el miedo difuso que convive en el mamífero desde tiempos inmemoriables: ahora está todo lo demás. Entonces, en esta desazón que nunca termina, y sabiéndose en el preludio de la muerte, el miserable quiere despedirse correctamente de los suyos, mientras ellos, que simulan estar relativamente tranquilos, se muerden las uñas por dentro. Uno recibe la camilla de la UVI frenético como el AVE conducido por un tío que se ha tomado siete tripis. Cables, bips, batas verdes y blancas, guantes de látex, seres abstraídos que ven casos como el tuyo todos los días... Todo es como en las películas excepto que tú no quieres estar ahí. No tienes el más mínimo interés de estar allí, porque, obviamente, QUIERES SALIR DE AHÍ. Y de repente, cuando tratas de despedirte del mundo, rindiéndote, tocando la mano a una enfermera que amablemente (y misteriosamente tranquila), te endosa la primera inyección, te das cuenta de que algo extraño está ocurriendo: Te ibas a morir, pero no, sigues ahí. Vivito y...

El trastorno de pánico es sufrido por entre un 3 y 4% de la población (datos americanos, procedentes del estudio del equipo de Young del Semel Institute de Neruociencia y Comportamiento Humano de la UCLA, encabezado por Bystritsky en  2010), aunque el 40% de la población puede haber tenido sintomatología aislada similar a lo largo de la vida. Un servidor, que ha pasado por un episodio similar, diría que lo crucial no viene en esa primera gran crisis que descoloca tus sentidos literalmente. Lo peor viene después, aprender a convivir con un mundo conflictivo, agresivo, desolador, donde sonidos que antes se toleraban resultan increíblemente molestos, y situaciones bastante bien solventadas anteriormente se transforman en muros imposibles de escalar. El trastorno de pánico (y sus variantes subclínicas o preludios) está asociado a otras manifestaciones psiquiátricas, como son el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno depresivo mayor, las manías, las fobias, la psicosis, etc. La gravedad del cuadro no parece, a la vista de los artículos consultados, indicador de que la terapia (cualquiera que se postule) vaya a salir peor. El curso del trastorno es de carácter generalmente crónico con interrupciones y es vital buscar ayuda para superarlo. Después de las primeras crisis, es usual por parte del médico recetar benzodiacepinas, pero esto debe ser con carácter temporal, nunca de forma prolongada. Cuando se retira el chute de tranquilidad que proporcionan éstas, es frecuente encontrarse con síntomas ansiosos, algo así como un síndrome de abstinencia. Esto no es nada raro, no en vano, las benzodiacepinas han sido potentes reforzadores en nuestra sistema nervioso y nuestro cuerpo pide más. La llamada terapia cognitivo conductual, que se centra en la relación que existe entre pensamientos, sentimientos-emociones y conducta, y en cómo manejar estos elementos y controlar ciertas parcelas del ambiente disparadoras de ansiedad, se ha visto como muy útil en este llamado síndrome de abstinencia a las benzodiacepinas (Otto y cols, 2010). La misma terapia parece ser un revulsivo de este trastorno en la misma medida que los antidepresivos, el fármaco ideal para el trastorno de pánico (van Balkom y cols., 1997).

El por qué ocurre el trastorno de pánico parece no estar muy claro. Ciertas regiones cromosómicas pueden estar implicadas (Jacobs y cols. 2010), pero hasta la fecha no se ha descubierto ningún gen directamente implicado en el trastorno. La ocurrencia del trastorno de pánico se asocia a menudo a los llamados eventos vitales (aquellos que marcan al individuo, como puede ser una pérdida o una crisis de tipo médico relevante), y muchas veces concurre en períodos de estrés que son un caldo de cultivo para trastornos de ansiedad y del estado de ánimo, además de estar posiblemente involucrados en enfermedades de tipo neurodegenerativo (Esch y cols, 2002).

 Me acordé unas semanas después del desagradable episodio que he narrado, de la historia del gato volante de la abuela de mi novia. La abuela, maja donde las haya, tenía una gata en su terraza. Ésta tenía toda la comida y todas las comodidades (un rincón abrigado para períodos de frio) a su disposición en la misma terraza. Era una gata gordita y tranquila. La abuela nos contaba la historia del gato volante o volador. Era un gato, que un buen día, se había encontrado la mujer en la terraza. En un principió, él, al verla, salió por peteneras. La mujer se quiso percatar rápidamente de que su gata estaba en buen estado. Efectivamente, la gata parecía tranquila, algo curiosa con el escenario que había vivido hace unos momentos, pero sana y salva. El gato parecía haberse acercado por allí al olor del alimento. Pronto aquel gato acabó viniendo más frecuentemente por la terraza. Comía algo, se reposaba un ratito al sol, y, una hora o media hora despues, casi sin hacer caso a la compañera felina que se estaba restregando con él para iniciar un idilio, desaparecía. A los días de habernos contado esta historia, mi novia y yo fuimos testigos delgato volante. La abuela nos avisó: Guardate! Guardate! Si avvicina il gato volante! Efectivamente, allí estaba. Más grueso de lo que me esperaba, con cierta serenidad, saltó sobre la valla de alambre de la terraza y trepó. Una vez dentro, se dirigió al agua y a la comida. La gatita compañera le miraba curiosa y se acercaba a él, pero no recuerdo que éste hiciera algún gesto de compañerismo. Después de un rato se fue. Parecía sereno, vacunado de cualquier evento que el ambiente estresante del mundo exterior (coches a toda velocidad, otros gatos defensores de sus territorios, ausencia de comida, envenenamientos, perros, humanos...) le pudiera disponer. Ahí le recuerdo, con cicatrices en la cara y magullado aunque robusto, y me viene la duda abrasadora de que, sabiendo de los peligros de allá afuera, y dada la tranquilidad de la terracita, por qué este gato no optaba nunca por quedarse en aquel sitio, al refugio de una mamma que lo cuidaría y de una compañera amistosa.

Y aquí va mi opinión, el ataque de pánico es una expresión humana, animal, diría yo, de que algo va mal en nuestras vidas. Hemos controlado todo para que vaya  a las mil maravillas: tenemos una novia, un buen trabajo, gestionamos el tiempo con la exactitud necesaria para finalizar todas las tareas que el cognitariado ha de realizar si no quiere ser despedido, cumplimos este recado y el otro, dejamos de lado el ejercicio físico, nos volcamos en un internet que a veces engancha más de la cuenta, no obtenemos un segundo de descanso, siempre atentos a una pantalla para desviar la atención... y se nos olvida mirar alrededor y respirar. Seguramente no miremos porque entendemos que es seguro que encontraremos dragones de piel escamosa y aliento pestilente. Pero si no miramos, descubrimos lo que hay fuera y respiramos con profundidad durante un tiempo, no sabremos a lo que nos enfrentamos hasta el día que la excitación desmesurada nos pille desprevenidos en una pesadilla. El del gato volante quizás es un ejemplo extremo, pero indica cierta moraleja: mejor vivir austeramente, con ciertas necesidades cubiertas (la terraza es nuestro premio), que vivir obcecado, sin mirar al frente, pendiente de pantallas virtuales y, lo peor, a toda prisa.


  
                                            Tomado de usuario Chau DOG en Flickr.com

BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA PARA ASPECTOS TÉCNICOS


Bystritsky A, Kerwin L, Niv N, Natoli JL, Abrahami N, Klap R, Wells K, Young AS. Clinical and subthreshold panic disorder. Depress Anxiety. 2010 Apr;27(4):381-9.

Esch T, Stefano GB, Fricchione GL, Benson H. The role of stress in neurodegenerative diseases and mental disorders. Neuro Endocrinol Lett. 2002 Jun;23(3):199-208.

Jacob C, Domschke K, Gajewska A, Warrings B, Deckert J. Genetics of panic disorder: focus on association studies and therapeutic perspectives. Expert Rev Neurother. 2010 Aug;10(8):1273-84.

Otto MW, McHugh RK, Simon NM, Farach FJ, Worthington JJ, Pollack MH. Efficacy of CBT for benzodiazepine discontinuation in patients with panic disorder: Further evaluation. Behav Res Ther. 2010 Aug;48(8):720-7. Epub 2010 Apr 28.

van Balkom AJ, Bakker A, Spinhoven P, Blaauw BM, Smeenk S, Ruesink B. A meta-analysis of the treatment of panic disorder with or without agoraphobia: a comparison of psychopharmacological, cognitive-behavioral, and combination treatments. J Nerv Ment Dis. 1997 Aug;185(8):510-6.

domingo, 8 de mayo de 2011

RECUPERACIÓN DEL RITMO

Veamos si a partir de ahora, cargo nuevas entradas del blog con asiduidad. Han sido meses completos, muy completos... tanto, que a veces te preguntas cómo es que dan, y a la vez no dan, tanto de sí las horas de un día. Cómo máximo puedes ver tres películas, pero entonces no estudias. Como máximo, estudias tres horas (sin contar las interrupciones que te concede tener a un click el mágico Google), pero entonces sientes que has dejado de lado tus obligaciones maritales. Además, el día se carga de pequeñas cosas: llamar a Vodafone, solventar un pequeño detalle en el cajero, llamar a dos amigos a los que prometiste llamar tiempo atrás, sacar un hueco para ver un capítulo de In treatment, leer aquel libro que hace tiempo deseas devorar, salir a comprar fruta y a llenar la nevera, cocinar a tu chica una bella pasta, no olvidarte de tu gato, que te roza hambriento y deseoso de aquella lata con jugo de buey tan rica para él... y cuando te vas a sentar te desmayas, pierdes el conocimiento, sientes el mundo lejos, tus fibras nerviosas lo ignoran: prefieren un instante de recogimiento autista, aunque esto ponga en peligro la homeostasis de tu organismo... demasiados días pensando que dormir poco te hará vivir más, que hacer todas las cosas hoy tendrá su premio, ocupado en mil cosas y satisfecho de resolverlas todas ¿?... lo más triste es que en esta ruleta rusa, el que más aguanta el ritmo, antes llega a su destino (si se dirige con cierta inteligencia), pero visto lo visto, prefiero no volver a desintonizar absolutamente del mundo físico ni una vez más, no vaya a ser que a mis neuronas les de por coger gustirrinín a comunicarse en comandilla, sin necesidad de inputs externos.

domingo, 21 de noviembre de 2010

LOS COYOTES Y LA NATURALEZA HUMANA


Desde hace mucho tiempo me apasionan los cánidos. Me encantan los perros, me apasiona su fidelidad. Aprecio en ellos su gusto sencillo por la vida austera (esto seguramente sea subjetivo, no lo tomen estrictamente al pie de la letra). Su primo el lobo, y la belleza de su cuerpo, también me entusiasman. El mito del hombre lobo es, además, un aliciente que ha entretenido mi imaginación cinéfila.

Hace un tiempo leí una noticia acerca del coyote, uno de sus primos americanos. El coyote (canis latrans), está a medio camino entre el perro y el lobo. Era el perro de Dios para la tribu Navajo, y también muy odiado por algunos colonizadores europeos, tanto, que su odio les hacía referirse a él como "la última comadreja a exterminar, en aquella tierra llena de oro y bestias". Si cualquiera intentó exterminarlos, lo cierto es que no lo consiguió. La capacidad de adaptación de este brivonzuelo parece enorme y, a diferencia del lobo americano, más voluminoso, y aparentemente más noble, no se encuentra en peligro de extinción, sino, muy al contrario, continua una imparable extensión dentro de territorio americano. A pesar de su multiplicidad, y de sus numerosos y azarosos encuentros con el hombre, los científicos no logran atraparlo fácilmente para su estudio: tienen un olfato demasiado poderoso. Por eso, hasta ahora no fue fácil saber por qué los coyotes del Este de los USA tenían un abrigo de cabello de colores más variados que los del Oeste. Tampoco se sabía a ciencia cierta por qué el coyote del Este era más grande que aquél del Oeste. Finalmente, parecen haber encontrado una respuesta: aquél del Este es un híbrido entre el coyote y el lobo.

La adaptación de estos cánidos va más allá del simple aumento de su población. Podría arriesgarme a decir, que en este mundo que parece conducirse a la destrucción ambiental (no sé si el hombre se destruirá a sí mismo, pero tengo el feo presentimiento de que los ecosistemas ricos van a llegar a su fin), los cánidos, tan inteligentes ellos, (recordemos que se dice que cuando Dios, mediante una separación de la Tierra, separó a hombres y animales, el perro, en el último momento, saltó a la orilla del ser humano) se conducen por el mismo camino que ya lo hicieron las ratas y las cucarachas: "si no puedes con el hombre, y no puedes huir porque ya está en todos los lugares, únete a él". Los coyotes, los perros, y quién sabe si pronto los lobos (ójala), han conquistado nuestro espacio: los perros se hicieron nuestros amigos, pues en el fondo saben de nuestro buen corazón; y los coyotes han acabado conquistado la ciudad nocturna. En la noche de Chicago posiblemente ya se paseen cerca de 100 ejemplares de coyote. Algún paseante nocturno se topó con ellos. Quién sabe, de hecho, si a unos centenares de kilómetros de la ciudad de Obama, alguna pareja, mientras se entregaba al amor en uno de los jardines de Central Park, escuchó un ruido. Sería un coyote, pero ellos quizás no se enterasen.

Leí una vez, en uno de los libros más bonitos que he leido nunca, justo cuando a mi abuela se le acababan las fuerzas de vivir, que el lobo te habla de la felicidad. Fue leer el libro, lo que me ha hecho conectar todos estos detalles cánidos que ahora mismo verborreo. El lobo te enseña la felicidad cuando le ves afanoso tratando de buscar un hueso o un rastro, rascando la tierra con deseo e impaciencia o persiguiendo una pelota, o acechando pacientemente a una paloma. Es en esos momentos en que se detiene el tiempo, cuando la tarea tiene más de sufrimiento y persistencia que de alegría propiamente dicha, cuando podríamos adivinar un sentimiento circundante cercano a la felicidad. A su felicidad.

Cuando los dos perros de la fotografía del inicio del post juegan, dice el filósofo Mark Rowlands, estamos experimentando, además, la felicidad que emanan. La felicidad sería, no sólo algo interior, sino una propiedad que se esparce en el campo de interacción de más de un ser, o de un ser vivo con su objeto de deseo. La misma fotografía está llena de felicidad. Lo dice Mark Rowlands en su El filósofo y el lobo, uno de los mejores libros que he leido.

sábado, 25 de septiembre de 2010

CONOCERÁS AL HOMBRE DE TUS SUEÑOS

Cuando murió José Saramago, ya hacía un tiempo que había nacido este blog, pero desistí de escribir sobre él. No sé, es muy fácil escribir bien sobre el muerto.

Ahora que muere otro grande, Labordeta, lo único que se me ocurre decir como homenaje a ambos es que yo, de mayor, quiero ser como ellos.

Curiosamente, los dos andaban faltos de pelo, y creo, pero no lo puedo asegurar, que les aprecio desde lejos (con el buen rollo de quien conoce y admira a otro tan sólo por sus escritos, canciones y apariciones momentáneas en la tele) sin que su calvicie haya sido la causa primera de este amor a lo que escribieron. Por cierto que, de paso, escribieron un poco de mi historia personal.

martes, 24 de agosto de 2010

NUEVOS AVANCES EN LA DETECCIÓN DE ALZHEIMER. BREVE RESUMEN

El hecho que se inventase la rueda nos llevó a través de los milenios a la tragedia que supone el accidente de tráfico. Se creó una molestia aunque se avanzó inmensamente. La comunidad científica y política busca ahora la solución.

Del mismo modo, los avances en higiene y tratamiento de enfermedades, conllevan una vida más longeva. Eccolo qua que por ello lo que ahora nos acecha es la sombra de las enfermedades neurodegenerativas, que son aquellas cuyo proceso patológico implica la destrucción de cualquier tipo de neurona (enfermedad de Alzheimer, o enfermedad de Parkinson). En realidad éstas parecen no ser otra cosa que fruto del envejecimiento. Algunos afirman que si llegásemos a los 125 años todos nos pareceríamos bastante a un enfermo de Alzheimer. Casi casi como Benjamin Button. Y creo que tienen algo de razón. Pero por si acaso, seguimos tratando de frenar estas enfermedades que abofetean a cuidadores y enfermos dejando a su paso seres fatigados de sufrir.

Hace poco se ha descubierto que el líquido de la médula espinal posee indicadores de la Enfermedad de Alzheimer, lo que es un hito, puesto que logra una detección temprana de este trastorno adelantándose al momento en que sus síntomas se muestren con toda ferocidad. Se trata del logro que todo científico de aquel campo (dejando aparte a la sociedad entera) estaba esperando: discernir al sujeto de setenta años que está más despistado porque está triste o porque a esa edad el proceso de aprendizaje requiere de más recursos cognitivos, del sujeto que realmente sufre una patología que afecta a la memoria y otras funciones cognitivas.

Pues bien, el líquido de la médula espinal, como se ha demostrado en un artículo de la revista Archives of Neurology este mismo mes de agosto, supone una solución ante este rompecabezas... El procedimiento de extracción del líquido puede ser doloroso, e impresiona (lo ví en unas prácticas en Neurología y la imagen que guardo es algo bizarra), pero si esto nos lleva a frenar la enfermedad y a que la persona que estaba "destinada" a olvidar quién era y quiénes eran los que están a su lado, se pueda morir antes de otra cosa porque se ha bloqueado el proceso, pues mejor que mejor.



Lo anterior es un avance importantísimo. Existen, además, otras pruebas diagnósticas de la enfermedad de Alzheimer que se están investigando, como por ejemplo, a través del ojo, como extensión del cerebro que es (yo diría que todo el cuerpo es extensión del cerebro, pero esa es otra cuestión más filosófica). La profesora Francesca Cordeiro y su equipo, allá por enero del 2010, lograron marcar con sustancia fluorescente tejido retiniano de un ratoncito con un gen que modula la enfermedad de Alzheimer. El resultado es que, visto posteriormente ese tejido por el oftalmoscopio, se puede observar de forma objetiva, esto es, cuantificar, el daño en el tejido nervioso ocular derivado de esta patología. Como la profesora Cordeiro decía: puede llegar un día en que vayamos a la óptica no sólo a por una graduación para las gafas, sino también para detectar posibles patologías neurodegenerativas y así frenarlas a tiempo con medicación.

sábado, 14 de agosto de 2010

QUEMAR DESPUÉS DE LEER (véanla antes de leer)

Lo patético puede ser triste y maravilloso. Te prepara frente a los errores en la vida, confiándote un extraño sentimiento que se sitúa a medias entre la resignación y el amor. Quemar después de leer de los hermanos Coen (por cierto, me encantaría hacer una película con mi hermana, a ver qué nos salía si nos pusiésemos...), es una historia que bucea en lo patético. Cada personaje es una muestra más de un andar pesaroso por la vida, una huida hacia adelante (¿acaso no es el existir una huida hacia adelante en todo caso?).

La sinopsis nos dice que es una comedia, pero el espectador no se extraña cuando empiezan a morir los protagonistas. No es extraño. Los Coen consiguen embaucarnos en este lío garrafal y hacen una peli a lo Woody Allen, pero con los seres humanos al borde del Tánatos. Me encanta que pongan música de espías y se tomen tan en serio las escenas en los departamentos de la CIA, cuando el comportamiento de todos es lo menos calculador y preciso que te puedes echar a la cara. Aún así, todo encaja misteriosamente con un Brad Pitt flipao, una Frances McDormand deseosa de nueva liposucción y un John Malkovich que escupe cada palabra que dice con una chulería que pondría a cualquier gato desobediente en guardia a la primera... Y atención al señor de la fotografía del inicio: Richard Jenkins. Un tipo con la cara así sólo puede ser bueno. Por dentro, por fuera, y actuando. Le habremos visto en multitud de ocasiones: A dos metros bajo tierra, o la más reciente The visitor son ejemplos... Él refleja en la película el amor en su más trágica faceta... Él merece mil alabanzas.

Siento si he desvelado algunas partes de la historia... pero no sabía completar la reseña sin Richard Jenkins.

domingo, 1 de agosto de 2010


En todo este tiempo, paró la producción de posts en este blog. Estuve hiperactivo en esta vida mía donde la tecnología tiene un papel clave, casi sin yo quererlo.
La vida de hoy, con todas las facilidades que nos provee, te enmaraña en un bosque de árboles de ramas contundentes. La tecnología, con todos los avances que ofrece, no libera por si misma. Como dice Daniel Bensaid (2004), el trabajo a través de la tecnología punta en ocasiones llega a alienar al trabajador, mucho más que el trabajo mecánico, muy común hace sólo escasas dos décadas. Añadiría yo que también nos provee de facilidades que hacen la vida más feliz, pero también potencialmente más asocial y estresante. Así que,cuidadito con ella, pero eso sí, yo personalmente, sin Skype, no estaría comenzando una vida en Madrid con mi amada. Además, sin la posibilidad de enviar emails, no mantendríamos un contacto ligero con aquellos que, o bien no vemos habitualmente, o bien no podemos llamar durante la semana (por cuestión de pelas, tiempo o despiste). Tampoco tendríamos esta alborada de conocimiento, o la cantidad de páginas webs dedicadas a ciertos asuntos, casi tantos, como el número de personas que existen. Personas visibles, habría que especificar... porque hay gente que no se asoma aún por estos lares. Lo grave es que no es que no se asomen porque no quieran, sino porque no puedan, ni tengan recursos... La llamada brecha digital. La tecnología, por tanto, está muy bien en términos generales, pero las posibilidades de atenderla no existen para la mayoría, y menos, la posibilidad de atenderla bien, como recurso intelectual, como si fuese una Biblioteca y no sencillamente para descargarse, pongamos, un politono, o para jugar una partida del Metal Gear Solid (juego cojonudo, por cierto).

Por último, la tecnología siempre nos ha remitido a escenarios que suponen un dilema. Ésta posibilita un implante retiniano para que el ciego (hasta ahora), deje ya de serlo, o un transplante de cara, o una conversación telefónica prácticamente gratuita entre dos amados que todavía chapurrean cualquier lengua que no sea la suya nativa... pero también posibilita robots cada vez más avanzados, más humanos, seres exclusivamente digitales que en el futuro pueden paliar el ansia por cariño que tenga un operario informático que apenas sale de casa. ¿Podría enamorarse el ser humano de un holograma? ¿Podría enamorarse de un robot? Zoe Saldana (ya aparecía en La terminal de Steven Spielberg (2004)), era hasta hace poco una de las mujeres más buscadas en google. Su imagen en Avatar (2009), con sus rasgos faciales, pero claramente digital e incluso sin forma totalmente humana, le han hecho saltar a la fama... Hasta qué punto es posible esa fijación del ser humano por lo que crea su cerebro, enamorarse de aquello que no es real, llorar si tu USB se jode, y con él, el holograma parlante de esa señora o señor que nos harán compañía en un futuro próximo...¿? ¡Qué conversaciones filosóficas pueden derivar de ello en una reunión casera que incluya un buen vino! ¡Es fascinante!

sábado, 22 de mayo de 2010

DE CUANDO EL TIEMPO AVANZA

De cuando el tiempo avanza
y asesta hachazos de chocolate,
dándose uno mismo cuenta, de forma repentina
y, por tanto, de forma injusta
(por falta de advertencia gubernamental),
que la labor ya no es estar sentado enfrente del "sabio",
sino arreglar las goteras que te explicaban (a veces) en el libro de texto,
o simular tu destreza
ante un púlpito de naturaleza incontrolable.

Entonces ya eres aquél
que ha aprendido a cenar
una lata de atún, y naranjas... cuando toca,
o ese diseñador de softwares cojos,
o el que sirve cafés y la mano le desobedece temblando.

Más tarde (o temprano, con un poco de mala fortuna),
la oleada de "realidad"
emborrona el contexto propio,
provocando desapariciones;
todas evocan el último fin íntimo-social posible:
el día en que desayunes por última vez.

domingo, 16 de mayo de 2010

Irán in Rio (versión indie)


El conocido de festivales Bahman Ghobadi, kurdo iraní, se casca un musical como la copa de un pino por las calles de Teherán. Bueno, la película no es exactamente un musical tipo Moulin Rouge o Chicago, es mejor: es una selección musical persa muy buena que se realiza en las catacumbas de la capital iraní y que se tuvo que mostrar por medio de un rodaje clandestino.


El caso es que rock, rap, indie pop, techno psicodélico parecen existir bajo el yugo de Ahmadineyad, con perfume iraní (el lenguaje persa es precioso escuchado), pero reconocible y musicalmente ubicable. A los que os lleguen estas líneas, os recomiendo encarecidamente buscar la película.


Esto me da pie a breves reflexiones. Una, sobre el dirigente de aquel país (y todos los que están detrás de él). Una vez leí a un tipo que parecía saber del tema y haberse pateado las calles de aquel país que, a propósito de las elecciones del 2009, donde los partidarios del opositor y más progresista Musavi se convocaban y protestaban clamando que había habido tongo electoral por parte de Ahmadineyad (Ahma para los amigos), decía que a pesar de que nos gustaría verle fuera del poder, Ahma no parecía haber necesitado hacer trampas: con los mismos votos rurales, y pocos trucos en las mesas de votación, para nuestro pensar y desilusión, había conseguido fácilmente la mayoría para gobernar (para trasladarlo al caso europeo, pensemos en Berlusconi) .


De hecho, uno de los morbos antropológicos que ofrece la película, es distinguir a varias tribus urbanas musicales (rockeros, heavies, poperos de malasaña, jazzistas y divas del blues) dentro de un contexto iraní conservador o, en el mejor de los casos, estandarizado. ¿Qué pensarán esas gentes tan ajenas cuando les vean? Muchos, estoy convencido, les ayudarán y ofrecerán sus simpatías, otros les dejarán estar; los peores, les increparán. En cualquier caso, es enternecedor ver a una señorita con velo que se revuelve contra la represión con una mesa de mezclas, o clones de Jimi Hendrix hablando persa, con el riesgo de ser etiquetados de seguidores de Satanás.


La otra elucubración que saco de esta película es que el término cine (cámbiese por literatura o música) de autor es más preciso que cine indie. Hacer cine independiente ¿de quién? ¿De los gurús económicos que dictan lo que ha de mostrarse y lo que no? Pues bien. Pero también de los gurús intelectuales verborreicos que dicen qué debe ser cine indie para mantener su esencia (planos zutanito, menciones a fulanito, estética menganito...). El cine de autor es aquel en el que su autor (polímero de director-productor-guionista-actores-ymás) consensúan lo que quieren decir de una manera más o menos retirada de las distintas demandas y presiones... A veces, el resultado coincide con el entretenimiento, y otros, éste se balancea más hacia la reflexión.


Spielberg, para mí, hace cine de autor: el cine que le da la real gana. Ninguna productora le diría que no. Y si se lo dijese, se saca el dinero de debajo de su felpudo y pone lo que sea necesario para resucitar dinosaurios. Y además, unas veces más que otras, amasa dinero. Lo justo para no vivir en la calle ;).


jueves, 13 de mayo de 2010

GORDON BROWN Y SU OJO DE CRISTAL

Durante mi estancia en Dublín (ciudad a la vez inglesófoba pero, por su cercanía a Londres, aún muy influenciada por los británicos)devoré periódicos y libros en desmesura. The Guardian se hizo mi amigo. O mejor: yo me hice amigo de The Guardian y también del Irish Times. Mis ojos también jamaban periódicos gratuitos como el Metro o diarios-porquería (justo los que le gustaban al dueño de la cafetería donde trabajaba, ¡qué casualidad!) llenos de sensacionalismo de mierda, que tienen la osadía de juntar a Hanna Montana con la Cumbre del Clima, y en los que, si aparece un político, es porque va con su mujer y sus hijos, o ha hecho un gesto grosero a la audiencia o ha ido a celebrar la apertura de una fábrica de tangas.

Con todo esto, me hice habitual del panorama político inglés, sobre todo de los tres partidos principales, porque los demás (Verdes, UKIP, o el partido facha) apenas aparecen entre líneas. Ya entonces comenzaba la carrera por las elecciones a Premier que ahora mismito se han celebrado, y mis simpatías siempre se dirigían a Gordon Brown. Me parecía que el tipo, a pesar del vendaval, mantenía la economía de aquella manera y, a pesar de no tener el sex appeal del finalmente triunfante Cameron, y con las hordas laboristas clamando por un nuevo líder más cool, el escocés se me hacía ligeramente entrañable (como aquél defensor de causas y casos perdidos que soy).

Eso sí, llegó un momento, hace pocas semanas, que el tipo, por cazurro, la cagó. Y ya no le junto más. La escena que linco es vergonzosa, no sólo porque llama fanática a una abuelilla, que tampoco es tan grave, sino porque cae en el mismo pecado en que caen (casi) todos los políticos: buen rollo y falsedad. De esos políticos de cara a la galería que nos rodean:

http://www.youtube.com/watch?v=14f3aOC929w&feature=related

Gordon aquí le llega a preguntar por sus hijos, aparentemente preocupado porque han emigrado a Australia al no encontrar trabajo en Inglaterra. Le desea que vengan pronto (ya que desaparecerá la crisis económica :P) y así se reúnan con ella. A todo esto, el entonces presidente mostraba bastante tranquilidad y relajo ante las preguntas de la señora y se defendía en un tono que se puede calificar de agradable, a pesar del subidón por preguntar que tenía la señora al saberse en la tele. Cuando termina, casi antes de dar el portazo y meterse en su blindado, al lado de sus cantamañanas y asesores, el micrófono le juega una mala pasada, y se escucha un disgusto y una desazón bochornosas por haber mantenido aquella inocente charla... Y es entonces cuando uno se da cuenta de que poquitos habrán que se salven, que lo de la política en Elecciones es el Sálvame del Parlamento.

Tampoco te engañes, Luis, aquel tipo fue el Ministro de Economía del Blair Tercera Vía y del Blair más bushiano, con lo que, tampoco muy de fiar era.

Eso sí, hay dos eventos que me llaman poderosamente la atención de este señor: ¿cómo ha sobrevivido a la ceguera de un ojo y a la muerte de una hija? ¿cómo han marcado la personalidad de este señor, que todos concuerdan en tachar de malhumorado? ¿Tendrá razones para estarlo con la vida?

martes, 11 de mayo de 2010

Last days de Gus Van Sant

El morbo que me producía presenciar cómo fue la caída de un mito de la música, me llevó a ver Last days de Gus Van Sant (bueno, la verdad es que la regalaban en Público, por lo que yo, lo que es yo en mi mismidad, no me desplacé a ningún lugar para verla).
Película prototípicamente indie, menos atonal que Elephant, pero con el foco igualmente descentrado: rupturas del tempo cinematográfico, diálogos lejanos, predominio de la imagen aséptica, fotografía de Harris Savides... Todo para guiar al espectador suavemente hacia un final descafeinado...
Claro que aquello fue mi responsabilidad: cuando el morbo impele a visionar algo sabiendo a priori cómo va a finalizar el espectáculo, incluso la muerte se torna descafeinada.
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de www.blogfashion.net

De Neuroartes y Gorkis, para empezar

Tengo una ligera idea de lo que quiero hacer con este blog: hablar de arte y ciencia. De lo demás, apenas atisbo qué tipo de producción pasará por estas páginas... Ya de por sí, el arte y la ciencia (así, en minúsculas, para acercarlas a todos) tienen una extensión considerable, por lo que, ya sólo con esos contenidos, no me quedará mucho espacio para más... pero sí, quiero que me quede espacio para más, para algo que vaya surgiendo, para invitar a mis colegas a opìnar...

El Neuroarte nos reúne la maravillosa conjunción entre ciencia y arte, un híbrido que unas veces no es tan guay como parecería ser y otras, el acabose.
De los Gorkis... bueno... los que no me conozcan lo irán descubriendo... Gorki fue un escritor ruso que vivió una parte de su vida en la más suma pobreza. Si leéis algún libro suyo (tochillos maravillosos como La madre) observaréis lo árido que puede llegar a ser el mundo... Tengo aprecio a este escritor aunque, como tal, como escritor que escribía páginas de libro, lo acabo de conocer. Mi idea de Gorki hasta ahora estaba y está más cercana a las criaturas salvajes, al disfrute de las pequeñas cosas que la vida te concede, a sumar serenidad y hedonismo animal. Gorki es mi perro. De 13 años... y sigue sumando.